
¿Por qué la mayoría de los calentadores de baño dejan de funcionar?
Seamos honestos: los baños son un verdadero infierno para los dispositivos electrónicos. Hay vapor abundante, humedad constante, y además, cambios bruscos de temperatura en cuanto uno sale de la ducha caliente.
La mayoría de las lámparas infrarrojas no se dañan porque su elemento calefactor esté “defectuoso”. Se dañan porque la humedad penetra en los sellos y contactos eléctricos, destruyéndolos poco a poco.
La lucha contra la humedad
Pasamos mucho tiempo sometiendo nuestras lámparas a pruebas de resistencia a la humedad. ¿Por qué? Porque la oxidación es un enemigo silencioso. Cuando el vapor de agua llega al interior de la lámpara, ataca directamente al filamento de tungsteno y a los electrodos. En realidad, colocamos estas lámparas en cámaras de humedad y las sometemos a pruebas prolongadas para simular años de uso real. Si el sello del tubo de cuarzo no es 100% hermético, toda la lámpara se daña en pocas horas.
Es una prueba brutal, pero es la única manera de estar seguros.
Los detalles importantes
Nuestras lámparas utilizan luz infrarroja de onda corta. Es ese tipo de tecnología que proporciona calor instantáneo en cuanto se enciende el interruptor. Pero ese calor también genera problemas. Si se utiliza vidrio barato, un chorrito de agua fría sobre una lámpara caliente puede hacer que el tubo se agriete. Por eso utilizamos tipos específicos de cuarzo que pueden resistir esos impactos.
También están los conectores. No utilizamos recubrimientos baratos. De lo contrario, los contactos comienzan a deteriorarse y el circuito deja de funcionar.
Encontrando el equilibrio ideal
Todos quieren una lámpara de alta potencia, ya que se calienta rápidamente. Pero hay un problema: más potencia significa más estrés para los cables eléctricos. Hay que asegurarse de que la instalación eléctrica del baño pueda soportar esa carga. Además, si se utiliza demasiada potencia sin suficiente circulación de aire, la carcasa de la lámpara se desgasta mucho más rápido de lo necesario.
No nos gusta arriesgarnos a adivinar cuánto tiempo durará un producto. En lugar de eso, sometemos las lámparas a pruebas hasta que realmente se dañan. Es la única manera de encontrar los puntos débiles, que suelen ser los sellos o el aislamiento de los cables. Preferimos destruir cien unidades en nuestro laboratorio antes de que una sola de ellas deje de funcionar después de seis meses de uso.